Indudablemente el más representativo de Irapuato, dado que se ofrece a la memoria del que es considerado el iniciador de la vida española en Irapuato, una especie de fundador no de derecho pero sí de hecho, el primer obispo de la provincia recién fundada de la Nueva España, la provincia de Michoacán y de la cual Irapuato formaba parte: don Vasco de Quiroga .

En el año 1947 se conmemoró lo que se aceptaba como cierto, aunque los datos posteriores lo desmienten: la fundación de Irapuato en 1547, y por ello, el cuarto centenario de su nacimiento como población. Punto central de estas festividades fue la develación de la escultura a don Vasco de Quiroga, por haber sido no sólo el iniciador de la vida española en esta entonces humilde Estancia y posterior Congregación, sino el eclesiástico que fundó la primera parroquia de las muchas que abrió en su provincia.

El trabajo escultórico se le encomendó al artista Ernesto Tamariz, y el proyecto de la fuente en cuyo centro se apoyaría la obra, al arquitecto Moisés Quiroz Valdovinos.

Inaugurado el 14 de febrero de 1947, al inicio de las festividades cuatro veces centenarias de nuestro nacimiento urbano, la escultura representa al obispo michoacano, Tata Vasco, vestido con su ropa episcopal y en actitud muy suya, de protección a un nativo lugareño.

Ejecutada en piedra chiluca, permaneció en el remate de una fuente construida enfrente de la fachada del Templo del Hospitalito, posible construcción inicial local de don Vasco, hasta el año 1965 en que, debido a las obras realizadas en la ciudad a través del Plan de Desarrollo Urbano del Gobierno Estatal, denominado Plan Guanajuato, fue demolida la fuente al igual que el atrio del Templo y la escultura colocada sobre su base actual, al frente de la pequeña iglesia y sobre su costado derecho.